Responsabilidades: 13 Reasons Why

Me tomó una semana y mucha paciencia terminar la temporada tres de 13 Reasons Why. Había leído en internet comentarios de personas que, debido a lo presentado en el trailer de la temporada, creían que la entrega buscaría reivindicar al antagonista de la serie. 

 Si han visto las temporadas uno y dos, sabrán que Bryce Walker es un joven blanco cuya familia de elite logra salvarlo de ser convicto por el abuso sexual cometido a Jessica y Hannah (antigua protagonista). Es de hecho, el abuso a Hannah el cual la lleva a grabar las cintas que caracterizaron la temporada uno y que eventualmente hicieron posible para el resto de los personajes encontrar las fotos entorno a las que gira la temporada dos.

Y si, en los episodios uno y dos de la tercera temporada, Bryce Walker es retratado como un joven que después de haber tenido chicas*, amigos, deporte y poder se encuentra despojado de todo y en la mira de aquellos a quienes hirió con sus acciones. Además enfrenta una serie de problemas personales y se convierte en el otroal que ignoran en su nueva escuela. 

Las tramas reivindicatorias son mas populares de lo que deberían si tomamos en cuenta que no hay nada por qué sentir pena en la situación de Bryce. La tormenta que el enfrenta no es nada mas que las consecuencias de las acciones que realizó aun cuando sabía que estaban mal. Y es posible asumir que lo sabía porque el resto de los personajes se lo hicieron notar.

No hubo poder humano que detuviera a Bryce de hacer siempre lo que el quería, disponiendo para esto de las personas y sus cuerpos, desgastándolos emocionalmente y generando en ellos terror. Utilizando el poder que la suma de su tez blanca, posición económica y membresía al equipo de fútbol le facilitaban. Bryce era eso que el debate con respecto a la posesión de armas en Estados Unidos ha llamado “white entitled boys”. Jóvenes blancos que creen deberían encabezar la pirámide social y para quienes la sociedad no es mas que un medio para la satisfacción de sus fines. Jóvenes a quienes se ha educado en casa, en la escuela y en los medios para creer que lo merecen todo. 

Claro que la vida después de haber sido expuesto por los crímenes que cometió iba a ser difícil. 

En la serie, solo Ani, el personaje nuevo parece sentirse apenada por la nueva vida de Bryce y dedica innumerables escenas a ser vocal al respecto. Ella también es la encargada de guiar la trama en un modelo de interrogatorio en que narra distintas escenas del pasado que eventualmente coinciden con la fecha actual. 

En su storytelling, Ani apuñala por la espalda a todos sus amigos juzgando todas sus acciones y mostrándose hermética a experimentar empatía para con ellos. Les reprocha su incapacidad de darle a Bryce una oportunidad de “cambiar” y enmendar sus errores y opina siempre desde una visión de superioridad. La relación que se desarrolla entre ambos resulta interesantísima porque ella se dedica a ser permisiva de el, considerándolo “roto” (broken) y generando la idea de que sus nuevas acciones vienen todas de un punto de tristeza y no de uno de privilegios perdidos.

Por ultimo, Ani, quien es nueva en la ciudad no vivió los hechos que giraron en torno al suicidio de Hannah por lo que tampoco fue incluida en las cintas ni llamada a declarar al estrado. Esto la hace incapaz de entender la forma en que el resto de los protagonistas lidiaron con la situación y la manera en que estas afectaron sus vidas. El hecho de que ellos no pudieran perdonar a Bryce y seguir adelante tendría que responder a trauma, rencor e incluso otras dimensiones del complejo de “entitled white boy” que los protagonistas “buenos” también experimentan.

Además, habría que preguntarnos si Bryce hubiese sentido la necesidad de enmendar el mal que generó si la exposición mediática no lo hubiera orillado al oprobio y ostracismo. Si vieron la serie, sabrán que no dudó en recurrir al “viejo Bryce” cuando se encontró nuevamente con Clay y Zach. 

Como nota, me parece que la serie generó con Hannah la idea de que las personas deben ser salvadas y continuó perpetuándola en esta temporada con las acciones de Clay. Pero no es así, nadie tendría que haber salvado a Hannah y nadie es responsable de no haberlo logrado. No le correspondía a Hannah exponer el secreto de Jessica ni jugar con las emociones de nadie. Si era correcto denunciar a Tyler/ Alex/ Justin/ Bryce, hacerlos consientes de que sus acciones no estaban bien, eran violentas e impermisibles, pero el método de asignación de responsabilidades de Hannah solo dejo vulnerables a otros personajes sobre los cuales el antagonista también ejercía poder.  

Para el final de la serie, Montgomery de la Cruz se convierte en el antagonista y Clay y Ani descubren que Monty es homosexual, por lo que, a sabiendas de que el no revelaría su secreto, lo culpan del asesinato de Bryce para después descubrir que Monty había muerto y con el cualquier intento de sentencia. Monty era malo pero Monty no asesinó a Bryce, no hay personaje bueno si ninguno fue capaz de responsabilizarse de las consecuencias de los actos que realizaron aún sabiendo que eran malos. No es una cuestión de supervivencia del mas acto como Jessica y Alex deciden creer.

Ahora, lo último de lo último, esta temporada me pareció menos alarmante que la anterior al no contar con escenas de violencia explícitas que resultaran intolerables para el público sensible, yo, por ejemplo. Sin embargo, diría que de las tres es por mucho la mas aburrida e insufrible lo cual me lleva a pensar que, eliminando el morbo que caracterizó las entregas anteriores, la serie no tiene trama de la cual valerse para entretener.

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*Las mujeres no son algo que poseer. Los personajes de Alex y Clay parecen sentir que pueden inmiscuirse y opinar respeto de las vidas sexuales de las mujeres de quienes se enamoraron, pero no es así. Ellas no les deben a ellos ningún tipo de explicación bajo la premisa de que ellos las aman y exigirlas es reducir a estas mujeres a meros objetos que poseer. 

Sobre la vez que me golpeó un tren

Hace tiempo que me he dedicado a evitar conflictos y confrontaciones, a esperar a que la vida pase. Y con la vida solo me refiero a algo tan increíble que sea como una ignición, irreversible y abrasadora.

Por eso la otra noche cuando me vi en la oportunidad, sentí mucha emoción. Pero fue un error, después de unos cinco minutos me di cuenta de que eso que estaba llegando no eran chispas de una explosión, era un tren que sin pensarlo, iba a arrollarme a toda velocidad.

No diré que quise quitarme porque no fue así. Estaba ahí, esperando, parada. “Debiste quitarte” me dicen las personas. Pero yo estaba muy nerviosa, no se me ocurre nada mas que la expectativa de saber qué pasaba que hubiera podido mantenerme al filo de la navaja durante tanto tiempo.

Cuando todo por fin terminó, me retire a intentar darme cuenta de que la vida no iba a pasar ahí. No durante tres semanas y no en mucho tiempo. Hable lo que pude y describí los detalles de como el tren había decidido arrollarme aun cuando le dije que no estaba bien, y eso fue demoledor.

Yo había compartido en el Manual de Usos ese mismo día cómo yo sentía que no podía controlar el amor. Que era una locura, que me infatuaría. Que amaba el amor porque lo había visto. Que las relaciones afectivas tenían que ser siempre responsables y siempre éticas.

El tren siguió su curso, y como la teoría del tiempo, quizás si me hubiese quitado, el tren hubiese girado.

Los días que vinieron después se complicaron mas. Debes volver a salir, y andar con ambas piernas. Piensas siempre en como viste venir la locomotora y las luces te ponen ansioso.

El resto de las personas parecen incapaces de entender que un día estabas bien y después ya no. Esta no es la historia de una declaración de amor, es algo mas que en el terreno de lo que siento, no tiene cabida. Es el golpe de la irresponsabilidad de otro conductor, soy yo misma atrapada en el loophole de no tener las respuestas que espero.

No, no esperaba que dijeras que me amabas, esperaba que escucharas. Que pudieras entender que tenía el corazón a flor de piel y él, que es tan aferrado, no podía soportar el golpe de tu egoísmo.

Un fin

Siempre creí que Al Gore no debió ganar el Premio Nobel de la Paz en el 2007* cuando era miembro activo de la política estadounidense. Personalmente, no creía que los presidentes y demás políticos del siglo XXI debieran ganar premios Nobel de la Paz porque, como sus votantes, lo mínimo que esperaría es que hicieran el bien. Y por lo tanto no entendía porque había que premiarles que hicieran lo mínimo que esperábamos de ellos. Después de todo, con gran poder viene gran responsabilidad.

Con base en eso, solía contrastar sus acciones y espacios de poder a aquellos de los que habían disponido Lech Walesa o Martin Luther King, otros airosos ganadores del premio. Hoy en día, no considero que hubiera estado del todo mal aunque tampoco me apostaría en una pelea de argumentos.

Padres de la historia como Martin Luther King, convirtieron los espacios de recreación en los que vivían en espacios de política. Crearon sus propias plataformas y se convirtieron en jueces de sus oportunidades. Su capacidad de hacer de sus causas una plataforma para el ejercicio del poder, los llevó a donde todos sabemos.

Al Gore ha viajado alrededor del mundo con el propósito de concientizar a las personas en la inminencia del cambio climático. Según entiendo, repite una y otra vez los hallazgos y las pruebas de la gravedad de las alzas en la temperatura media del planeta. Al Gore ha sido llamado el mayor mentiroso de América. Se ha postulado a la presidencia de los Estados Unidos y ha sido senador y diputado por el partido demócrata. Al Gore nos ha intentado decir que el planeta y todo lo vivo junto a él, caduca. Que los casquetes polares están derritiéndose y que el nivel del mar está sobrepasando la media.

Más allá de las pruebas, creo profundamente en los dejes de su pasión. Esta confiándonos la verdad y las historia de éxito son casi siempre historias de gente que siente pasión.

Hasta hace poco, entendía del cambio climático solo lo que se aprende en la escuela, y ni el Fenómeno del Niño ni el de la Niña me quedaban claros. Ver a Al Gore, sobre la plataforma de sus acciones y espacios, me hizo sentir conmovida. Convirtió sus espacios de poder en oportunidades para nosotros.

Lo que él está trabajando no es la detención abrupta de la codicia de los grandes empresarios que lucran a costilla del planeta. Es la verdad, la propagación de la causa, la idea de que esta tierra no es medio, es fin.

Ojalá puedan confiar en él con la misma expectativa con la que confia en nosotros.

*Al Gore ganó el Premio Nobel de la Paz en el 2007 junto a el IPCC “por sus esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático”.

Hecho en México

Comencé a ver el primer reality de Netflix, Made in Mexico, y me quedan claro muchos puntos que quisiera compartir para motivar el diálogo al respecto.

En cuanto a la narrativa que se plantea, no es que no exista o que sea recreada para el show, la desconocíamos. Nos ofende darnos cuenta de que en un país con 53 millones de pobres hayan personas que puedan gastar 26,000usd en joyería en una salida de una hora en menos de tres productos. Nos molesta que todos sean güeritos, que hablen en inglés, que no sean el mexicano que queremos.

Ojo, por supuesto que me ofende la magnitud de sus fortunas y la manera desinteresada en que la gastan. En proporción, todos los aspectos del show pueden ofenderme, pero no es el caso. Porque no son los participantes ni su clase social, el problema, es la narrativa. Y la narrativa está construida para el drama.

La narrativa es que la serie nos muestre solo las partes “bellas” de la Ciudad de México. Que las tomas aéreas enfoquen puros arbolitos y tráfico que sí circula. La narrativa, como mucho de lo mexicano es también intrínsecamente aspiracional, son los participantes hablando en inglés tres de cuatro frases pero solo entre ellos, no a sus padres, no a los extras. Son ellos y ellas viviendo en una realidad que antes existía sólo dentro de sus cabezas y que el reality legítimo en la vida real.

Es cierto que todos los participantes son de piel blanca, pero eso habla más de quienes tienen la oportunidad de hacerse de riqueza en este país que de la selección del casting. Dos de nueve protagonistas son de ascendencia árabe, dos chicas estadounidenses, tres miembros de familias históricamente acomodadas cuyas fortunas trascienden tres generaciones, un empresario super exitoso y etc etc etc…

Así como ese, hay muchos otros temas que discutir del show, primero y particularmente importante para mi, el clima de machismo que se percibe en el reality y el choque cultural que este representa para las protagonistas oriundas de Estados Unidos. Más de una vez alguna de las dos menciona como su novio mexicano intenta controlar sus acciones ahora que viven juntos. Incluso, una de ellas hace uso del término “macho mexicano” para referirse a la actitud de él. Asimismo, uno de los novios repite constantemente la frase “como las mujeres se ponen a veces” para dirigirse a los “cambios de humor” que tiene la chica para con el, resultado, claro está, de su intención de ejercer control sobre las acciones de ella.

Por otro lado, el comportamiento de Roby que, por instancias, puede percibirse profundamente machista y, a diferencia de otros de sus comportamientos por los que se le llama la atención varias veces en el programa, este no parece ser motivo de en ningún momento. El punto álgido de este comportamiento queda evidenciado en el episodio uno cuando intenta propasarse con Columba una y otra vez. A pesar de que ella se lo reprocha al momento y se aleja, la trama invierte el resto de los episodios en reivindicar a Roby como una persona que sufre, cuyo alcoholismo es la causa de todos sus males pero para lo cual nunca busca o recibe ayuda.

Continuando, en el episodio dos conocemos a la única participante que no estuvo presente en el bautizo de los Checa, Hannah. Su personaje, parece cumplir la única función de representar un chivo expiatorio para que el resto del cast pueda subir los niveles del drama. La introducción a su vida es por demás suntuosa, expone sus títulos, su vida, sus “frases”, hasta el castillo de su abuelo. No obstante, es a la única participante a la que en algún punto se le “restriega” su origen de provincia, cuando alguien más menciona que probablemente es más sencillo encajar en la élite de la Ciudad de México si te mudas desde Estados Unidos que desde Tijuana.

El ego es, sin duda, otro de los protagonistas del reality. La mayoría de los participantes intentan exaltar las particularidades de sus vidas y exponerlas de la mejor manera posible. Más de una vez recalcan que no hay guión pero de cierta forma, sus actitudes siempre se perciben forzadas. Me consta que, a excepción de Hannah, no es la validación del grupo la que esperan sino es mas bien una especie de equiparar el nivel de sus vidas para con las del resto, como diciendo “yo si soy de élite”. Otro punto de este tema, es la rarísima apropiación de lo mexicano que se expone en el episodio del día de muertos. Se trata de un cast mexicano y aún así sentí en todo momento que se estaba robando la cultura de alguien más.

Entrada la trama, Hannah protagoniza junto a Roby el único drama real del show, y es allí cuando retoman esta cuestión de encajar en la élite de la ciudad. Al resto del grupo le ofende que Hannah no haya demostrado interés en conocerlos aun cuando es claro que ellos no tenían un lugar que ofrecerle dentro de su grupo. Por último, el pleito con Hannah termina exponiendo el delirio de persecución que se cargan los protagonistas ya a la orilla de lo ridículo, mas de una vez aprovechan los espacios de confesión para expresar su preocupación respecto de cómo otros participantes quieren inmiscuirse en su vida y aprovecharse de su supuesta vulnerabilidad en el reality cuando, en realidad, no hay tal. Con o sin cámara, ellos siguen representando, en una sociedad como la de México, la clase hegemónica y tan lo son que salen en el reality.

Los problemas sociales que expone Made in Mexico, van más allá de la desigualdad. Se trata también del clasismo atado al racismo y la discriminación que se vive en México, de una notable incapacidad de algunos de los miembros de la clase alta de deconstruirse de sus privilegios, de apropiación cultural, de machismo. Y, eventualmente, de cómo los protagonistas, mortales como dicen que son, esperan el día en que vuelvan a casa y el hogar este lleno.